Océano
Estaba en el llamado reino de los sueños. Caminaba al lado de un río que bajaba pausado, que bajaba calmado y tranquilo, descendiendo de las agrestes montañas al tiempo que modelaba la tierra y la regaba de vida a su paso.
Notaba como la brisa de la mañana de verano le acariciaba las manos y el pelo. Caminaba al tiempo que miraba al frente y sonreía. Estaba feliz porque nunca miró atrás, y todos y cada uno de los pasos que dio a lo largo del camino, los dio sin miedo, los dio con cariño, esperanza, ilusión. Los dio con tanta ternura que las piedras se estremecían a su paso. Los dio con tanta fuerza que la tierra temblaba a cada paso.
Tras un rato andando, comenzó a escuchar las gaviotas. Sintió como la arena se metía entre los dedos de sus pies descalzos. Saboreó el salitre en la boca al tiempo que cerraba los ojos y notaba como la ropa blanca se agitaba con la suave brisa.

¿Por qué? Se preguntaban algunos… Porque aunque nos duela, hay gente a la que su hora temprano llega… Al fin y al cabo, esta es una deuda que acabaremos pagando todos. Un camino, que estamos ya recorriendo.
Tempus Fugit Carpe Diem