Noche de Luna
El cansancio recorría todos y cada uno de los puntos de su cuerpo. Caminaba por el bosque en silencio, con el pantalón lleno de barro y el pecho al descubierto, notando como el suave viento lo acariciaba y la luna lo bañaba por completo.
El silencio se rompía con cada ráfaga y con cada latigazo de aire. Notaba la hierba mojada entre los dedos y como los animales lo miraban, escudriñaban entre las hojas de los árboles para verlo semidesnudo, caminando como si estuviera hipnotizado.

No sabría decir cuántas mujeres eran, puede que una, tres, incluso un centenar, pero su timbre era el mismo. Una voz suave y algo estridente que surgía del corazón del aire y de la luz nevada. Un sonido dulcemente amargado cargado con un odiado amor. Una voz que le susurraba “Pase lo que pase, jamás renuncies a tus Sueños”