De imposibles no se vive
Estoy cansado de estar aquí suprimido y anulado por mis miedos infantiles, asustado y arrinconado contra el atardecer que se clava en mi retina al tiempo que el viento del norte me corta la retirada. Me obligo a ver la puesta de sol, a ver el ocaso, el fin de todo, a recordarme que me gustaría que estuvieras aquí para compartirlo, pero de imposibles no se vive.

He intentado decirme a mi mismo que te has ido, pero a pesar de que estás todavía aquí conmigo, acabo dándome cuenta de que he estado solo todo el tiempo. Quemaré los segundos entre alcohol y queroseno, destruiré todo este pasado incierto, arrasaré los pilares de los vientos, y ojalá que mi alma alcance su consuelo… Pero de imposibles no se vive, y creo que tendré que aprender a vivir de ellos.