Diablos Puros
Siempre he odiado y repudiado de
aquellos que quieren imponer su opinión sin importar para nada lo que piensen
los demás, que piensan que solo ellos tienen razón o son la verdad absoluta e
indiscutible. De este tipo de personas los hay en todos los partidos, de todos
los colores, de todos los sexos. De cualquier raza o condición.
Es cierto que las ideas de una persona
cambian con los años. Se madura, y tu forma de pensar madura contigo, quizás en
el convencimiento de que vas por el camino más justo y que el resto está
equivocado, pero es también la vida, esa misma que le da cuerpo y forma a tus
ideales, la que se encarga de decirte si vas bien o mal. Yo la verdad con mi
forma de ser no puedo quejarme, la gente de mi generación la apoya, y creo que
es lo correcto. No estoy anclado en una etapa que no he vivido.

Los ideales te acompañan toda tu vida y
las personas idealistas no los cambian, pero las personas íntegras, además de
no cambiarlos, respetan a los demás. No se puede pedir respeto cuando no se da.
Y cuando una serie de actos despóticos
y crueles intentan adoctrinar a un espíritu libre, no es que las cosas entren
por un oído y salgan por otro, si no que toma más fuerza para luchar por
cambiar las cosas y evitar que la generación siguiente sufra exactamente lo que
ha sufrido uno mismo.
Eso es política damas y caballeros, al
menos, la política que un servidor defenderá mientras le quede un atisbo de
aire en sus pulmones. Soy como soy, y pese a quien le pese, no lo voy a cambiar.
Aquellos que no sepan renovarse, ya
saben por dónde queda el cementerio.