Los Pilares de Todo
Rabia, sangre, y fuego. Que el
vello se ponga de punta cada vez que te apoyas es uno de esos puntales, en cada
uno de esos contrafuertes que te llevaron hasta aquí, de los que se erigieron
como los pilares de todo; de todo cuanto pide tu alma y fe, de todo
cuanto anhela tu propio ser.
Seguir el camino de las
baldosas amarillas siempre fue fácil, pero lo más divertido fue cuando la casa
voló por los aires, cuando en el interior de un torbellino encuentras el norte
y te diriges hacia él, hacia las profundidades del abismo abierto por la diosa
Calypso para librar tu batalla final.
Allí, en lo más profundo del océano, donde se erigen los pilares que levantaste durante años para este momento:
De saber si el haber perdido la vergüenza, ganado confianza en uno mismo, de entender
la filosofía del esfuerzo y amar a los sacrificios personales sobre todas las cosas,
aunque duelan, han servido de algo.
Tiemblan las piernas cuando observas el piélago, cuando ves desde arriba que la única forma de seguir hacia
adelante es seguir subiendo; creando escalones con las nubes a pasos ciegos, de
la mano de una persona que está dispuesta a poner un paso en el vacío existente a tu lado.
Por los que no están y por los
que están contigo: agárrate el corazón, átate los tenis, y sigue subiendo.