Un minuto
Y
quiere el destino y la suerte que me acuerde de ti. De todo lo que me habría
gustado que vieras y que compartiéramos, de los momentos duros y de las
caricias con el “todo acaba pasando”, porque al fin y al cabo, todo es así.
Decía
Mérida que el destino está en el interior de cada uno, solo tenemos que tener
valor para mirar dentro de nosotros. Y cuando lo hago es imposible no caer en
la cuenta de que eres una de esas piedras que le dan sentido a la vida, uno de
esos pilares que tanto me ha levantado y mantenido de pie. Fíjate lo fuerte que
eras, que a pesar de pasar los años te sigo notando aquí. En el cuello. Al lado
del corazón.

De que
he disfrutado de cada segundo y de cada acorde con aquellas personas que solo
pedían un minuto de tu tiempo. Que eran y son felices con ese minuto mientras
os ven crecer, haceros grandes y brillando como las estrellas lo hacen en el
firmamento.
Ojalá tuviera
un minuto. Un minuto para decirte que todo está bien, que lo he conseguido, y
que como dicen los de Mago, que los sueños solo mueren para hacerse realidad.