Fe
Llegará
un día en el que nos encontraremos ante la tumba de la esperanza. Ese instante
en el que la pesadumbre sea una carga tan dura que cerrar los ojos para dormir
sea la única salida que veamos, que las manos ya no te respondan a ti, si no a
los propios espasmos fruto del cansancio y de los sinsabores.

Y
cuando llegue ese día tienes que recordar que la vida no es justa, y que solo
aquellos que saben sufrir son quienes acaban llegando a la línea de meta. Que
todo lo malo acaba pasando si uno es capaz de sobreponerse y que nada está
perdido, mientras haya quien siga creyendo en ello.
Porque
a veces no hay mayor salto de fe, que el creer en uno mismo.