Ogigia
Nos han vendido a lo largo del siglo XXI que necesitamos tener el control para dominarlo todo: planificación milimétrica de la agenda, objetivos perfectamente definidos, que si KPI’s y otras formas de mantener el cortisol por las nubes. Hasta que un día descubres que hay cosas que no se arreglan a hostias, por mucho empeño que le pongamos. Que, como le ocurrió a Odiseo tras zarpar de Ogigia, a veces, después de haberlo dado todo en una guerra, solo queda construir una balsa, abandonar la seguridad de la isla y confiar en que el mar y los dioses decidirán el rumbo y te permitirán llegar a casa. Porque ceder el control no es rendirse, es aceptar que hay cosas que escapan de nuestras manos y tener el valor de seguir adelante aun sin conocer el destino. Quizá crecer sea precisamente aprender esa diferencia: luchar cuando depende de ti y soltar cuando ya no lo hace. Hacer todo lo posible sin exigirle al mundo que responda como nosotros queremos. Hay momentos en los que el honor exige ...